Sin título 1.

Y un día, sin querer, te das cuenta de que las cosas han cambiado y de que es demasiado tarde para volver atrás. Dicen que hay que aprender de los errores pero, ¿qué voy a aprender de un error que me ha hecho perderlo todo? Lo poco que quedaba de mí, esos pedazos unidos por enésima vez y que no sabes cuanto tiempo resistirán, habían sido destrozados, pulverizados, hechos añicos. Ahora que la hermosa anestesia de la duda ha desaparecido el dolor se ha apoderado de mí como una ola rompe en un acantilado: de golpe, arrasando todo a su paso y golpeando con tal fuerza que horada la roca. Así me siento. Golpeado. Frustrado. Horadado.

Un hueco se ha apoderado de mi pecho y amenaza con crecer hasta hacer desaparecer mi alma. Ha dejado escapar todos esos miedos e inquietudes que habían sido enterrados en lo más profundo de mis entrañas y ahora los llevo puestos sobre el pijama, acentuando mi dolor, metiendo el dedo en la herida y arrancándome el llanto justo antes de ir a dormir. No hay nada que se pueda hacer y la impotencia ahoga los gritos de mi garganta. Un día despertaré y habrá nada, la misma nada en la que me estoy convirtiendo, el recuerdo de sueños rotos y falsas esperanzas. Dulce y bella nada.